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Era una noche especialmente fresca, se notaba que el verano
estaba acabando y entraba el otoño, pero me pregunto -¿Importa eso ahora acaso?,
ya no existe el tiempo, aunque, todavía llevo el reloj que me regaló mi padre
por mis 16 cumpleaños, pero en realidad da igual la hora que sea…
Esa noche, me desperté sobresaltado por un ruido metálico,
vi el reloj y vi que eran cerca de las 2 de la madrugada. Me levante de la cama
y me acerqué a comprobar que mi puerta estaba bien cerrada. Los supervivientes
que quedábamos aún dormíamos en nuestras casas, pasábamos el día juntos
adecentando el lugar común para uso de todos, cenábamos en una gran mesa de
madera que se colocó en el jardín del patio, ya que aún hacía buen tiempo. Las
cenas se hacían eternas, nadie hablaba más de la cuenta, antes de irnos a
dormir a nuestras casas, repasábamos las reglas en caso de invasión y nos
marchábamos a dormir.
Después de cerciorarme de que todo estaba en orden, cogí los
prismáticos y me puse a observar el perímetro. Parecía todo en orden, vi a dos
o tres caminantes vagando por las calles principales y poco más, ya que sin
farolas se hacía más complicado. Normalmente dormía bastante tranquilo ya que
todas las noches había 4 hombres haciendo guardia por el perímetro. Volví a oír otro ruido metálico procedente de
mi bloque de pisos, abajo del todo, donde están las rejas que antiguamente
servían para que no se colasen los yonkis en invierno a drogarse y apalancarse
ahí, esas rejas que ahora tienen otra utilidad.
Intenté mirar con los prismáticos pero no conseguía ver
nada, pero algo no iba bien. Me senté en la cama pensando en qué hacer, se me
pasaron varias ideas por la cabeza, la primera de ellas; quedarme en casa y
meterme en la cama, la segunda; ir hasta la casa de Carlos para avisar de los
ruidos, y la última de todas; bajar yo mismo a comprobar que pasaba.
Nunca destaqué por mi sentido común, así que sin pensármelo mucho
más, cogí una de mis guitarras eléctricas (si, ya sé que puede parecer un
crimen, pero sin electricidad ya me diréis como iba a utilizarla) y bajé los 5
pisos que me separaban del portal. Abrí despacio la puerta que separaba las
escaleras del rellano, con la guitarra cogida a modo de bate de baseball. No
veía absolutamente nada, así que intentaba guiarme por el oído. A veces algún
destello provocado por la luna reflejándose en algún cristal me permitía vislumbrar
la sala. Con las prisas, no me llevé una linterna. Craso error. Pasé por el
hall y abrí una de las puertas que daba a la calle donde se encontraba la
parada de metro y la farmacia y me acerque a la reja justo para ver unas
coletas rubias desaparecer por la esquina: Se me paró el corazón, -“Carol”-
pensé.
Intente llamarla, a riesgo de atraer criaturas, pero tenía
que comprobar que: primero; fuese ella, y segundo; que estuviera viva. No sé
por qué mantenía la esperanza de que apareciesen cualquier día ella y su padre en
la ventana de su piso. Hacía, no sé, un mes o algo menos que habían desaparecido
y ahora de repente… -Serían imaginaciones
mías- pensé en su momento, así que
decidí darme la vuelta cuando oí otro ruido en el ala opuesta a donde estaba de
la urbanización. Volví a alzar mi “arma” y crucé el patio hasta las rejas del
otro lado y me encontré con una de las puertas metálicas que había intercaladas
en las rejas. Daba bandazos provocados por las primeras brisas otoñales,
haciendo chirriar las bisagras. Sin dudar pensé en ir a buscar a los hombres
que hacían guardia cuando de repente oí un gruñido detrás de mí. Por un segundo
me quedé paralizado, sabía lo que había detrás, sabía lo que me haría si no empezaba
a correr perdiendo el culo a ponerme a salvo. Armé la guitarra cogiéndola por
el mástil y dejando atrás de mi hombro el cuerpo de ésta, me di la vuelta
mientras soltaba el golpe hacia el caminante girando sobre mi izquierda,
atacando con todas mis fuerzas, cuando ya dado la vuelta frené en seco al ver a
la criatura… Gracias a uno de los
que hoy estamos vivos puedo recordar lo que me encontré esa noche, espero que el
dibujo os sirva de guía para recrear la escena que viví, a mi desde luego, me
sigue poniendo los pelos de punta… Ni que decir tiene que me dolió en el alma tener que reventarle una guitarra en la cabeza a esa pobre niña. Fue el primer caminante que "maté" por decir algo claro.
Pero no el último... Despues de sacar la guitarra, asitllada ya del cráneo de Carol, me dirigí a casa de Carlos a dar la alarma, ya no había rastro de los hombres que estaban de guardia y eso tenia pocas explicaciones, una de ellas claro está, es que ahora serían una de esas mierdas que muerden. Quizá el haber tenido que destrozarle la cabeza a aquella pequeña me hubiese cabreado hasta el punto de pasar de avisar al jefe y buscar a los guardias (o lo que quedase de ellos ) por mi cuenta. No deberían andar muy lejos, el recinto es grande pero no saben abrir puertas los muy imbéciles, eso me facilitaría encontrarlos.
El primero de ellos se acercaba hacia mi atraido por el sonido del golpe de antes, según se acercaba, cogí carrerilla y le estampe la guitarra de canto en la boca. Saltaron los dientes y noté como de paso rompía su nariz. Una vez en el suelo, le rematé con otro fuerte golpe en la cabeza. Ya sabéis, "Remata".
A los tres siguientes me los fuí encontrando a medida que avanzaba por el perímetro. Uno detras de otro, les hundí la cabeza y acabé lleno de sangre, la pinta de psicópata que debía de tener... Rápidamente despúes de acabar con ellos y dejarles fuera del recinto utilizando la puerta que estaba mal cerrada, subí a avisar a Carlos de las pérdidas de aquella noche, y de que, a partir de ahora, quería formar parte de la seguridad del edificio, y así fue como empezaría mi camino en la lucha contra estos seres...
El primero de ellos se acercaba hacia mi atraido por el sonido del golpe de antes, según se acercaba, cogí carrerilla y le estampe la guitarra de canto en la boca. Saltaron los dientes y noté como de paso rompía su nariz. Una vez en el suelo, le rematé con otro fuerte golpe en la cabeza. Ya sabéis, "Remata".
A los tres siguientes me los fuí encontrando a medida que avanzaba por el perímetro. Uno detras de otro, les hundí la cabeza y acabé lleno de sangre, la pinta de psicópata que debía de tener... Rápidamente despúes de acabar con ellos y dejarles fuera del recinto utilizando la puerta que estaba mal cerrada, subí a avisar a Carlos de las pérdidas de aquella noche, y de que, a partir de ahora, quería formar parte de la seguridad del edificio, y así fue como empezaría mi camino en la lucha contra estos seres...

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