lunes, 9 de septiembre de 2013

Capitulo 3 "Rojo tristeza" (Sujeto #1)




[Para leer el principio de la historia pincha AQUÍ]




Era una noche especialmente fresca, se notaba que el verano estaba acabando y entraba el otoño, pero me pregunto -¿Importa eso ahora acaso?, ya no existe el tiempo, aunque, todavía llevo el reloj que me regaló mi padre por mis 16 cumpleaños, pero en realidad da igual la hora que sea…
Esa noche, me desperté sobresaltado por un ruido metálico, vi el reloj y vi que eran cerca de las 2 de la madrugada. Me levante de la cama y me acerqué a comprobar que mi puerta estaba bien cerrada. Los supervivientes que quedábamos aún dormíamos en nuestras casas, pasábamos el día juntos adecentando el lugar común para uso de todos, cenábamos en una gran mesa de madera que se colocó en el jardín del patio, ya que aún hacía buen tiempo. Las cenas se hacían eternas, nadie hablaba más de la cuenta, antes de irnos a dormir a nuestras casas, repasábamos las reglas en caso de invasión y nos marchábamos a dormir.
Después de cerciorarme de que todo estaba en orden, cogí los prismáticos y me puse a observar el perímetro. Parecía todo en orden, vi a dos o tres caminantes vagando por las calles principales y poco más, ya que sin farolas se hacía más complicado. Normalmente dormía bastante tranquilo ya que todas las noches había 4 hombres haciendo guardia por el perímetro.  Volví a oír otro ruido metálico procedente de mi bloque de pisos, abajo del todo, donde están las rejas que antiguamente servían para que no se colasen los yonkis en invierno a drogarse y apalancarse ahí, esas rejas que ahora tienen otra utilidad.
Intenté mirar con los prismáticos pero no conseguía ver nada, pero algo no iba bien. Me senté en la cama pensando en qué hacer, se me pasaron varias ideas por la cabeza, la primera de ellas; quedarme en casa y meterme en la cama, la segunda; ir hasta la casa de Carlos para avisar de los ruidos, y la última de todas; bajar yo mismo a comprobar que pasaba.
Nunca destaqué por mi sentido común, así que sin pensármelo mucho más, cogí una de mis guitarras eléctricas (si, ya sé que puede parecer un crimen, pero sin electricidad ya me diréis como iba a utilizarla) y bajé los 5 pisos que me separaban del portal. Abrí despacio la puerta que separaba las escaleras del rellano, con la guitarra cogida a modo de bate de baseball. No veía absolutamente nada, así que intentaba guiarme por el oído. A veces algún destello provocado por la luna reflejándose en algún cristal me permitía vislumbrar la sala. Con las prisas, no me llevé una linterna. Craso error. Pasé por el hall y abrí una de las puertas que daba a la calle donde se encontraba la parada de metro y la farmacia y me acerque a la reja justo para ver unas coletas rubias desaparecer por la esquina: Se me paró el corazón, -“Carol”- pensé.
Intente llamarla, a riesgo de atraer criaturas, pero tenía que comprobar que: primero; fuese ella, y segundo; que estuviera viva. No sé por qué mantenía la esperanza de que apareciesen cualquier día ella y su padre en la ventana de su piso. Hacía, no sé, un mes o algo menos que habían desaparecido y ahora de repente…  -Serían imaginaciones mías-  pensé en su momento, así que decidí darme la vuelta cuando oí otro ruido en el ala opuesta a donde estaba de la urbanización. Volví a alzar mi “arma” y crucé el patio hasta las rejas del otro lado y me encontré con una de las puertas metálicas que había intercaladas en las rejas. Daba bandazos provocados por las primeras brisas otoñales, haciendo chirriar las bisagras. Sin dudar pensé en ir a buscar a los hombres que hacían guardia cuando de repente oí un gruñido detrás de mí. Por un segundo me quedé paralizado, sabía lo que había detrás, sabía lo que me haría si no empezaba a correr perdiendo el culo a ponerme a salvo. Armé la guitarra cogiéndola por el mástil y dejando atrás de mi hombro el cuerpo de ésta, me di la vuelta mientras soltaba el golpe hacia el caminante girando sobre mi izquierda, atacando con todas mis fuerzas, cuando ya dado la vuelta frené en seco al ver a la criatura… Gracias a uno de los que hoy estamos vivos puedo recordar lo que me encontré esa noche, espero que el dibujo os sirva de guía para recrear la escena que viví, a mi desde luego, me sigue poniendo los pelos de punta… Ni que decir tiene que me dolió en el alma tener que reventarle una guitarra en la cabeza a esa pobre niña. Fue el primer caminante que "maté" por decir algo claro.
Pero no el último... Despues de sacar la guitarra, asitllada ya del cráneo de Carol, me dirigí a casa de Carlos a dar la alarma, ya no había rastro de los hombres que estaban de guardia y eso tenia pocas explicaciones, una de ellas claro está, es que ahora serían una de esas mierdas que muerden. Quizá el haber tenido que destrozarle la cabeza a aquella pequeña me hubiese cabreado hasta el punto de pasar de avisar al jefe y buscar a los guardias (o lo que quedase de ellos ) por mi cuenta. No deberían andar muy lejos, el recinto es grande pero no saben abrir puertas los muy imbéciles, eso me facilitaría encontrarlos.
El primero de ellos se acercaba hacia mi atraido por el sonido del golpe de antes, según se acercaba, cogí carrerilla y le estampe la guitarra de canto en la boca. Saltaron los dientes y noté como de paso rompía su nariz. Una vez en el suelo, le rematé con otro fuerte golpe en la cabeza. Ya sabéis, "Remata".
A los tres siguientes me los fuí encontrando a medida que avanzaba por el perímetro. Uno detras de otro, les hundí la cabeza y acabé lleno de sangre, la pinta de psicópata que debía de tener... Rápidamente despúes de acabar con ellos y dejarles fuera del recinto utilizando la puerta que estaba mal cerrada, subí a avisar a Carlos de las pérdidas de aquella noche, y de que, a partir de ahora, quería formar parte de la seguridad del edificio, y así fue como empezaría mi camino en la lucha contra estos seres...


No hay comentarios:

Publicar un comentario